Scalabrini

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Scalabrini 2017-03-12T20:33:22+00:00

El bienaventurado Juan Bautista Scalabrini nació en Fino Mornasco, ciudad de la Provincia de Como (Italia), el 8 de julio de 1839. Fue tercero de 8 hermanos; sus padres se llamaban Luis Scalabrini y Colomba Trombetta:
Como estudiante: Cursó los estudios primarios en su pueblo natal y la secundaria en la ciudad de Como. A menudo reunía a sus compañeros en el patio de su casa para contarles las cosas interesantes que había aprendido, especialmente las lecciones de catequesis.

Como seminarista: En 1857, a los 18 años, ingresó al Seminario Diocesano de Como. Se dedicó con empeño al estudio no sólo de filosofía y teología, sino también de las ciencias modernas y de los idiomas.

Sacerdote: El 30 de mayo de 1863, a los 24 años, fue ordenado sacerdote. Inmediatamente quiso realizar su deseo de ser misionero en tierras lejanas, pero su Obispo le dijo: “Tus Indias están en Italia” y lo envió como ayudante en una parroquia de la diócesis.

Como profesor y rector del seminario: A los pocos meses, el Obispo lo nombró profesor y luego Rector del seminario de Como, donde permaneció hasta 1870. Se destacó por su enseñanza y educación de los seminaristas y por los nuevos métodos pedagógicos que ponía en práctica. Durante el verano de 1867 se ofreció como voluntario para atender a las víctimas del cólera, que le valió una medalla al valor civil por parte del Gobierno.
Párroco de San Bartolomé: El 12 de mayo de 1870 fue designado párroco de San Bartolomé, una populosa comunidad en el suburbio industrial de Como, cargo que desempeño hasta 1875. Se dedicó a poner en marcha inmediatamente un programa de renovación parroquial, que cristalizó en:
• Vitalizar la liturgia con todas sus devociones, especialmente a la Eucaristía y a la Virgen.
• Organizar la enseñanza de catequesis, desde los más pequeños. Escribió el “Catecismo para los jardines de infantes”.
• Promover la acción católica, como fermento de vida cristiana entre el pueblo.
• Reunir a los jóvenes en oratorio festivo.
• Visitar a los enfermos y ancianos. Ocuparse de la solución cristiana de los problemas de la incipiente clase obrera. En esta época dictó un ciclo de conferencias sobre el Concilio Vaticano I, en la Catedral de Como, donde quedó de manifiesto su celo pastoral y su adhesión a la Sede Apostólica. Dichas conferencias fueron luego editadas en un libro, que llamó la atención del mismo Papa Pío IX.
Obispo

Contando apenas con 36 años, fue consagrado Obispo de Piacenza el 30 de enero de 1876. Inmediatamente ingresó a la diócesis poniéndose al servicio de su rebaño. En los 29 años que dirigió su diócesis se mostró como verdadero padre, pastor y maestro, entregado, como él mismo se lo propuso en su presentación, “todo para todos”.
Ante todo, fue pastor. Puede ser considerado uno de los actualizadores de la Reforma Tridentina, siguiendo los pasos de San Carlos Borromeo y de San Francisco de Sales, lo prueban:
• La reestructuración global catequética: organizó la catequesis, llevó a cabo el Primer Congreso Catequístico Nacional (1889), dio vida a una Revista Catequística (1876) y escribió sobre el tema, tanto que el Papa Pío IX lo llamó “Apóstol del Catecismo”.
• La intensidad del anuncio de la Palabra, tanto predicada, como escrita. Testimonio de esto son sus 60 cartas pastorales y abundantes escritos sobre temas teológicos, sociales y migratorios, además de la fundación de diarios y revistas. Juan Pablo II lo llamó “Mártir de la Verdad”.
• La reforma de los seminarios.
• Las cinco visitas pastorales conducidas personalmente en las 366 parroquias de la diócesis, durante las cuales tomó conciencia y comenzó a interesarse por las personas que emigraban. Así, el Papa Pío XII lo definió “hombre verdaderamente apostólico”.
• La legislación y el magisterio de los tres sínodos diocesanos.
• La renovación del espíritu pastoral del clero.
• El florecimiento del culto.
Por otra parte, con razón es considerado precursor de tiempos y métodos nuevos: como dijo de él el Papa Pablo VI, afrontó con valor y clarividencia los grandes problemas de su tiempo, a saber:
• La legítima libertad de opinión en el “problema filosófico”.
• La participación de los católicos en la vida política de Italia después de la unificación en el debate sobre el “problema romano”.
• El nuevo contacto de la Iglesia con el pueblo, personificado especialmente en la emergente clase obrera.
• En la solución del “problema social”.
• En su acción caritativa hacia los más desprotegidos y necesitados: las recolectoras de arroz (1903), los sordomudos (1879), los presos, los enfermos, las familias venidas a menos, las cooperativas agrarias y Sociedad de Socorro Mutuo. Y en las grandes calamidades públicas, durante las cuales llegó a vender su carruaje y el mismo cáliz que le regalara el Papa. El Papa Benedicto XV lo dominó “Príncipe de la Caridad”.

Fundador de las Congregaciones de San Carlos Borromeo

Su nombre, sin embargo, está unido sobre todo a la emigración: en el momento en que se presentó a la Iglesia y a la sociedad esparcidos principalmente en las américas. Con este fin, el 28 de noviembre de 1887, fundó en Piacenza la Congregación de los Misioneros de San Carlos Borromeo para los emigrados; el 25 de octubre de 1895 la Congregación de las Misioneras de San Carlos Borromeo y en 1889 dio inicio a la Asociación de Patronato San Rafael a fin de que los mismos laicos se comprometieran a favor de los migrantes asistiéndolos en los puertos de embarque y de llegada.

Él mismo visitó personalmente a los migrantes en Estados Unidos (1901), Brasil y Argentina (1904). Pocos días antes de su muerte envió al Papa un documento con sus propuestas para la atención de los migrantes que luego fueron implementadas por la Iglesia. Murió el 1 de Junio de 1905 en concepto de santidad. Sus restos fueron trasladados a la catedral de Piacenza en 1919. Desde entonces su tumba es meta cotidiana de numerosos fieles. Fue Beatificado el 9 de noviembre de 1997.

Padre de los Migrantes
El Beato Mons. Juan Bautista Scalabrini es una de aquellas figuras que asumen contornos cada vez más precisos y sorprendentes cuando a través del tiempo, de personajes de la crónica se convierten en personajes de la historia.
Por su intermedio Dios hizo florecer en la iglesia y para la Iglesia, como don del Espíritu, un nuevo carisma que tiene en el peregrino su espiritualidad y en el servicio al migrante su pastoral específica. Podemos afirmar que los migrantes y los refugiados tienen en el Beato Scalabrini un Padre y un Intercesor para sus derechos y su dignidad ante Dios y ante los hombres. Al mismo tiempo su testimonio nos invita a una acción caritativa hacia los millones de personas que, aún hoy, se encuentran desamparados a causa de los problemas que surgen por la emigración y el desplazamiento forzoso.

Las Misioneras Scalabrinianas, siguiendo las huellas de nuestro fundador, damos gracias a Dios por este don. Y, en la Iglesia que públicamente proclama la actualidad de este carisma, nos ponemos al servicio del proyecto de reunir a todos los hijos dispersos de Dios alrededor de la misma Mesa.