P. JoséMarchetti

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P. JoséMarchetti 2017-03-12T20:30:18+00:00

Padre José Marchetti fue un misionero italiano que llegó a Brasil a los 25 años. Se dedicó a los huérfanos, ancianos y migrantes. Hizo todo lo posible para llevar la Palabra y el amor de Cristo a las comunidades. Murió a los 27 años, víctima de la fiebre tifoidea que contrajo cuidando de los enfermos en São Paulo. Mártir de la Caridad y de las fatigas apostólicas. El Siervo Dios Padre José Marchetti es un joven testigo, convincente y de actualidad para nuestro tiempo

Sensible a la petición del Obispo de Piacenza, Mons. Juan Bautista Scalabrini , fundador de la Pía Sociedad de los Misioneros de San Carlos, cuyo objetivo era proporcionar asistencia religiosa a los emigrantes italianos, Padre Marchetti el 15 de octubre 1894 solicitó su admisión a la Congregación. Inmediatamente fue aceptado y su primera tarea fue el capellán a bordo de un barco lleno de emigrantes que salió de Génova.

En su segundo viaje, a bordo del buque “Marañón”, el Padre Marchetti ante un hecho inquietante: se muere una joven madre, dejando a un marido sin experiencia y sin recursos con un niño recién nacido.  El marido de la fallecida quería suicidarse y se sumergirse en el mar con su mujer, y ante los ruegos del Padre Marchetti que se haría cargo del niño que acababa de quedarse huérfano, se detuvo. Padre Marchetti aceptó el desafío y ese hecho fue el primero germen de la futura labor de asistencia.

El Padre José Marchetti resolvió donar su vida al encuentro con Cristo a través de La misión, la cual fue su respuesta al llamado de la caridad. “Quien se siente llamado a la donación y en especial a los más pobres, deja sus seguridades y hasta la propia tierra”.

La pasión, que el Padre Marchetti le dedicó al trabajo misionero de los huérfanos de inmigrantes italianos en Brasil revela el gran “entusiasmo” que dirigía el camino del joven Padre. Ser entusiasta, etimológicamente significa “estar con Dios”, ser inspirado por la divinidad.

Es sólo a partir de ese entusiasmo, de esa capacidad de soñar, de ir más allá del pragmatismo y del rígido realismo, que se pueden explicar los numerosos frutos de la breve actividad misionera del scalabriniano. La fundación de orfanatos, además de la contribución decisiva para la fundación de la Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo, son algunos frutos palpables de una vida vivida con entusiasmo, o sea, en el encuentro constante con Dios.

La caridad como opción por los migrantes más desfavorecidos, la fe como experiencia animadora de la misión y la esperanza como constante confianza en la providencia de Dios, son virtudes teologales presentes en el origen de la espiritualidad de ese joven siervo de Cristo. Recordarlo significa actualizar esa espiritualidad.